45. EL CLUB NOCTURNO
Gloria se quedó en silencio, sin dejar de observarme, y luego me ofreció una sonrisa que parecía luz en la penumbra del club.
—Entiendo. A veces uno necesita un respiro, sobre todo cuando llevamos tantas responsabilidades encima —dijo, y dudó por un momento para luego añadir—. No sé, me parece que te molesta el perfume de los chicos.
—¿Cómo te diste cuenta? —no pude negarlo.
—Porque a mí me pasa lo mismo —confesó ella, arrugando la nariz—. No sé por qué se lo pusieron hoy; desde la univer