183. ME HE QUEDADO SIN NADA
Las palabras de Octavio cayeron sobre mí como un balde de agua fría, agrietando cualquier pizca de confianza que aún me sostenía de pie. Intenté procesar lo que acababa de decirme, pero mi mente se sumía en medio de un torbellino de preguntas sin respuesta y de furia contenida que luchaba por salir.
—¡Ja! ¡Deja que me ría, Octavio! —dije furiosa al escucharlo decir eso—. Cuando los visitamos en Australia, vivían en un tráiler de mala muerte, en una finca en medio de la nada. ¿Me vas a hacer