119. TIENES QUE ENAMORARLA
Me pasé las manos por el rostro, tratando de organizar lo que había ocurrido en las últimas veinticuatro horas. Todo se sentía como un torbellino, como si el mundo hubiera girado demasiado rápido y yo aún estuviera buscando mi equilibrio.
—Ella sufre pesadillas todavía de esa noche —comencé a decir—. Estamos los dos muy enfermos y vulnerables. Se acostó y las pesadillas no la dejaban dormir. Al