114. LEONARD EN CASA A SOLAS
Un silencio incómodo se había instalado entre nosotros. Comíamos el desayuno en silencio. Ambos sentíamos la tensión sexual. La miraba mientras trataba de encontrar un tema de conversación sin lograrlo. Su rostro, a ratos, se enrojecía. Yo trataba de no mirarla. Pero estaba tan hermosa, tan apetecible. Podía sentir su enorme excitación y cómo luchaba por controlarse. Por mi parte, también estaba en