Auren
La noche había caído sobre el castillo como un manto de terciopelo negro. Desde mi ventana, observaba las antorchas que iluminaban el patio de armas, donde los guardias hacían su ronda nocturna. Entre ellos, reconocí la silueta de Kael, su postura firme inconfundible incluso a distancia.
Tres días habían pasado desde nuestro encuentro en los jardines. Tres días en los que había evitado cruzarme con él, refugiándome en mis aposentos con la excusa de un malestar que no existía. La verdad er