Kael
La sala del consejo era un campo de batalla donde las armas eran palabras y las heridas sangraban prestigio. Observé a Auren desde mi posición junto a la puerta, aparentemente invisible para los nobles que discutían sobre tratados comerciales y alianzas militares. Ella, sin embargo, no era invisible en absoluto.
Vestida con un sobrio vestido azul medianoche que contrastaba con el rojo y dorado de la nobleza local, Auren se movía entre los consejeros como agua entre rocas. No alzaba la voz,