La Hacienda Vargas había visto muchas cosas a lo largo de su historia centenaria. Había visto guerras civiles, plagas de filoxera que arrasaron los cultivos, quiebras financieras y resurrecciones milagrosas. Había visto el odio más oscuro encarnado en un contrato de matrimonio forzado, y había visto el amor más puro nacer de las cenizas de ese mismo contrato. Pero nunca, en todos sus años de piedra y sol, había visto una alegría tan ruidosa y desbordante como la que inundaba sus jardines esa ma