Seis meses después.
El otoño había llegado al Valle del Silencio, tiñendo los viñedos de tonos ocres, rojizos y dorados. El aire era fresco y crujiente, y el olor a uva fermentada de la vendimia reciente todavía flotaba en el ambiente como un perfume embriagador.
Para Elena, estos seis meses habían sido una metamorfosis. Su vientre había crecido, una curva suave y prominente que Alejandro adoraba con una devoción casi religiosa. Ya no era la chica asustada que había llegado bajo la lluvia; era