Capítulo 61.
POV— Armando
Salí de la empresa como una fiera herida, con el saco en la mano y la sangre aún tibia en los labios. No escuchaba nada más que el eco de mi propia respiración entrecortada, el rugido de mi corazón golpeando como un martillo. La mirada furiosa de Valeria se me había clavado como una lanza en el pecho. Me dolía más que cualquier golpe que Jonathan me hubiera dado.
Conduje sin rumbo fijo hasta que mis manos me llevaron a la base. Allí, entre soldados y sudor, era el único lugar donde