Capítulo 44.

POV Valeria

La sala del hospital militar se había convertido casi en una extensión de mi casa. Después de tantas visitas, de tantas noches en vela esperando informes médicos de Armando, ya conocía cada rincón: las paredes blancas con olor a desinfectante, las sillas metálicas que parecían hechas para probar la paciencia de cualquiera, los relojes que marcaban los minutos con una lentitud insoportable. Ese lugar era un refugio y un tormento al mismo tiempo.

Esa noche, sentados en esa misma sala, la espera parecía aún más larga. Adrián se mantenía de pie, caminando de un lado a otro frente a la puerta donde habían ingresado a Cintia. No dejaba de morderse las uñas, sus ojos estaban rojos de la tensión y las manos temblaban como si llevara siglos sosteniendo un arma invisible. Yo lo observaba en silencio, comprendiendo que lo único que lo mantenía en pie era la necesidad de ver a su amada viva.

Poco después, Alma y Cristina llegaron. Alma entró primero, con el rostro devastado y los ojos
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