Capítulo 38.
POV VALERIA.
El pasillo se me hacía eterno. Cada paso que daba al lado de la enfermera era un martirio. Tenía la garganta seca, el corazón golpeándome tan fuerte que juraba que cualquiera podía escucharlo. Las lágrimas no dejaban de nublarme la vista. Todo lo que había rezado, todo lo que había suplicado desde esa madrugada, me había traído hasta aquí. Armando estaba vivo, y me esperaba.
Al entrar a la habitación, el mundo se detuvo.
Allí estaba él. Mi hombre. Con el pecho vendado, los labios resecos, la piel pálida como la cera. Sus ojos, sin embargo, se entreabrieron lentamente, y ese brillo oscuro, profundo, me atravesó como un disparo.
—Armando… —mi voz se quebró.
Él intentó sonreír, aunque apenas se le movieron los labios.
—Valeria…
Corrí hasta su lado y me dejé caer en la silla. Le tomé la mano con desesperación, como si temiera que volviera a escaparse de mí. Sentí su piel fría, pero viva. Y eso me arrancó un sollozo que no pude contener.
—Dios mío, pensé que te perdía… —mi fre