Capítulo 38.

POV VALERIA.

El pasillo se me hacía eterno. Cada paso que daba al lado de la enfermera era un martirio. Tenía la garganta seca, el corazón golpeándome tan fuerte que juraba que cualquiera podía escucharlo. Las lágrimas no dejaban de nublarme la vista. Todo lo que había rezado, todo lo que había suplicado desde esa madrugada, me había traído hasta aquí. Armando estaba vivo, y me esperaba.

Al entrar a la habitación, el mundo se detuvo.

Allí estaba él. Mi hombre. Con el pecho vendado, los labios r
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