Capítulo 39.
El tiempo en el hospital parecía avanzar de otra manera. Ya no eran aquellas horas eternas de incertidumbre y miedo, sino días que transcurrían con una calma inesperada. Armando iba recuperándose poco a poco, y con cada latido suyo yo volvía a respirar.
Me había instalado prácticamente en la habitación. Una maleta pequeña en la esquina, mis cosas esenciales en una mesita, y la bata de hospital que me convertía en una sombra discreta entre médicos y enfermeras. Era mi lugar. No me importaba el c