Capítulo 37.

POV VALERIA.

La madrugada se estiraba interminable dentro de aquellas paredes blancas. El aire frío del hospital militar se impregnaba en mis huesos, y cada vez que respiraba lo hacía con la sensación de que mi pecho no alcanzaba a llenarse de aire. Me senté en la banca dura junto a Cintia y Adrián; ellos intentaban mantenerse serenos, pero yo podía sentir el cansancio en cada uno de nosotros. Al otro lado, en unas bancas separadas, el general Granados y su hija Carla parecían ajenos. Él, erguido, con ese porte de autoridad que imponía incluso en silencio, ella, con la mirada perdida, jugando con las uñas pintadas de rojo mientras de vez en cuando nos lanzaba una mirada desdeñosa.

Yo no quería mirar el reloj, pero mis ojos regresaban una y otra vez a esa esfera que marcaba la medianoche. El sonido seco de las manecillas era el único recordatorio de que el tiempo seguía su curso mientras yo permanecía atrapada en la incertidumbre. Rezaba en silencio, suplicando, aferrándome a cualquier
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