Capítulo 06.
Desperté con el calor del sol acariciando mi rostro. Abrí los ojos lentamente, con la mente aún difusa, como si flotara entre la realidad y un sueño. El techo blanco del hotel fue lo primero que vi, seguido por un silencio tan profundo que el murmullo de la ciudad, al otro lado de las ventanas, parecía no existir.
Intenté moverme y un dolor punzante en las piernas me arrancó un gemido. Cada músculo protestaba.
—Ay… maldito animal… —murmuré, recordando de golpe la noche anterior.
“Si te hago mía esta noche, mañana no podrás levantarte de la cama.”
Y cumplió su amenaza.
Me quedé recostada unos segundos, con una sonrisa inevitable en los labios. La sensación era contradictoria: dolor y placer entrelazados, una marca indeleble en mi piel. Hacía mucho que no me sentía tan… viva.
Giré la cabeza y me topé con el reloj de la mesa de noche.
Las agujas me hicieron saltar el corazón: era más de mediodía.
—¡Dios santo! —exclamé, incorporándome de golpe.
Pero mis piernas no respondieron. El suelo