CRHIS.
Abro la puerta de un tirón. No es mi asistente. Es Vance, el investigador privado que contraté hace tres meses con una sola instrucción: desenterrar cada pecado de mi tío Roth.
Vance entra con el rostro pétreo. No dice "buenos días", no mira la oficina. Simplemente camina hacia el escritorio, el mismo donde hace minutos tenía a Aura contra la madera, y deja caer una carpeta de cuero negro. El sonido al chocar con el ébano suena como una sentencia de muerte.
—Señor Jones —dice Vance con u