CRHIS.
El motor del Mercedes ruge en la carretera secundaria mientras dejamos atrás los suburbios de Liverpool. El paisaje se vuelve árido, dominado por árboles esqueléticos y una niebla que parece brotar de la misma tierra. Me dirijo hacia una cabaña de caza que perteneció a mi abuelo, un lugar que el tiempo y el olvido han sepultado, lejos de miradas indiscretas y del ruido de la civilización.
Roth está sentado en el asiento del copiloto, y por primera vez en años, lo noto inquieto. Se ajusta el cinturón, mira por la ventana y luego me observa a mí. Su instinto de depredador finalmente ha detectado que el aire en el habitáculo está saturado de peligro.
—Christopher... —comienza él, tratando de recuperar su tono de superioridad paternal—, estamos muy lejos de la ciudad. ¿Qué es este misterio? Si hay un problema con las acciones de la compañía o si alguien te está extorsionando, sabes que puedes confiar en mí. Somos familia, después de todo.
Sus palabras son como ácido sobre una herid