AURA.
Me detengo en el pasillo de la comisaría, ignorando el caos de oficiales y detenidos que se mueven a mi alrededor. El frío de la lluvia aún se siente en mis huesos, pero la rabia que me quema por dentro es mucho más fuerte. Marcus aparece doblando una esquina, con esa actitud de cazador que acaba de atrapar a su presa, y no puedo contenerme.
—¡Eres un miserable, Marcus! —le grito, interceptándolo antes de que llegue a su escritorio.
Él se detiene, se mete las manos en los bolsillos y me d