LOBOS.
CRHIS.
El metal de las esposas me muerde las muñecas mientras me obligan a caminar por el pasillo de la redacción. Siento los flashes de los teléfonos golpeándome la cara como pequeñas ráfagas de fuego. Mañana, mi rostro estará en cada portada con un titular que hable de mi caída, de la violencia detrás del éxito de Christopher Jones.
Aura se queda atrás, desmoronándose, y ese es el único golpe que de verdad me duele.
El detective Marcus me empuja ligeramente para que entre en la parte trasera