La noche anterior al ataque había sido larga y llena de inquietudes. El mensaje anónimo seguía resonando en mi cabeza. “Hay un topo en su círculo”. No sabía quién era, pero sabía que alguien estaba filtrando información a Lorenzo. Alguien que conocía nuestros movimientos, nuestras debilidades, nuestros secretos.
Esa madrugada, el ataque llegó.
Eran las seis de la mañana cuando los guardias de seguridad detectaron movimiento en el perímetro exterior. Rowan y Mateo se pusieron en acción de inmedi