El mensaje anónimo había sembrado una semilla de desconfianza en nuestro círculo. "No confíen en nadie. Hay un topo en su círculo". Las palabras resonaban en mi cabeza mientras intentaba conciliar el sueño, pero era imposible. Alguien estaba filtrando información a Lorenzo. Alguien que conocía nuestros movimientos, nuestros planes, nuestras debilidades.
Víctor apareció en el desayuno con el rostro pálido y los ojos cargados de preocupación.
—Tengo que confesar algo —dijo, sin preámbulos—. Hace