La tarde siguiente, el sol brillaba sobre los jardines de la mansión cuando el auto de Frank se detuvo frente a la entrada principal. Lo vi desde la ventana de mi habitación, sintiendo una mezcla de sorpresa y nerviosismo. No esperaba su visita, y menos aún sin avisar.
—Señora Vanesa —dijo Beatriz, apareciendo en la puerta—. El señor Villanueva está aquí. Dice que necesita hablar con usted sobre unos asuntos de la torre.
—Dile que pase —respondí, alisando mi vestido.
Frank entró al salón con su