El fósforo seguía ardiendo entre los dedos de Rowan, la llama pequeña pero firme, resistiendo la brisa suave del atardecer como si supiera que tenía un propósito que cumplir.
Extendí la mano y la cerré alrededor de la suya, sintiendo el calor tenue de la llama tan cerca de mi piel, sin apuro, dejando que el instante se estirara todo lo que necesitara estirarse.
—Espera —murmuré, sin soltarlo—. Todavía no.
Rowan me miró, sorprendido, pero asintió de inmediato, comprendiendo sin que hiciera falta