Su mano envolvió la mía con una calidez que me recorrió el brazo entero. Rowan me guió hasta el centro de la pista con una seguridad que no admitía dudas, como si hubiera estado esperando este momento durante años. Y el destino se había confabulado.
La orquesta comenzó a tocar una melodía lenta y suave. Él me tomó por la cintura y me atrajo hacia sí con una firmeza que me robó el aliento. Nuestros cuerpos se conectaron.
Y entonces, el mundo desapareció.
Su mano izquierda se posó en mi espalda