Cassian
Despierto en el instante exacto en que el vínculo se rompe en fiebre.
No es miedo.
No es dolor del niño.
Es otra cosa.
Una oleada abrasadora me golpea desde Génesis como si alguien hubiera encendido fuego dentro de su sangre y la llama hubiera decidido buscarme también a mí. Cuando le toco la frente, la siento arder. No con calor humano. Con algo peor. Un calor seco, interno, descontrolado.
—Estás ardiendo.
No sé si lo digo por ella o por mí.
Génesis apenas consigue encogerse sobre sí m