Sofía
El aire huele distinto cuando te vas de un lugar sin cerrar realmente la puerta.
A humo viejo, a recuerdos que no se evaporan, a palabras que siguen flotando sin permiso.
Han pasado solo tres días desde que dejé a Alexander frente a mi departamento, y cada uno ha sido una tortura silenciosa, de esas que no gritan pero te desgarran igual.
Me mudé a una casa pequeña en las afueras. Un lugar simple, casi anónimo, donde las paredes no llevan marcas de su voz ni las sábanas están impregnadas d