Sofía
Hay miradas que no se olvidan.
Y esta noche, en medio de trajes caros, copas de cristal y conversaciones cargadas de falsas sonrisas, sentí la de un hombre que no me miraba… me analizaba. Como si estuviera decidiendo si apretarme la mano o el cuello.
Ese fue el primer indicio de que el mundo de Alexander no era un juego de empresas.
Era un campo minado.
Me había preparado para sonrisas hipócritas, mujeres celosas, murmullos en rincones y whisky barato escondido en botellas caras. No para