CAPITULO 1 : EL ALBA DEL PRIMER DIA
El viento llevaba el sabor de polvo y hambre cuando Carlos abrió los ojos. La manada dormía en un círculo cerrado, los cuerpos entrelazados para mantener el calor, pero él estaba en el borde — siempre en el borde. Su pelaje gris azulado brillaba con el rocío matutino, y sus ojos amarillos escaneando el campamento con duda.
"Otra noche sin cazar," susurró Luna, su hermana menor, acercándose con pelaje blanco como la nieve. Sus ojos negros estaban llenos de