El sol se levantó con lentitud sobre el territorio de la Manada Silvermane, teñiendo el cielo de tonos naranja y rosa, mientras el refugio se despertaba en un ambiente de calma engañosa. Después de la cura de mi madre, Clara, la alegría había llenado nuestras vidas, pero la sombra de Mila seguía pendiente sobre nosotros. Yo, Iris, me sentaba en la terraza de la cabaña, acompañada de Orion, mientras observaba cómo los guerreros preparaban las patrullas diarias. Mi anillo de piedra lunar brillaba