El sol se levantó sobre el territorio de la Manada Silvermane, teñiendo el cielo de naranja y oro, mientras la celebración de nuestra unión seguía con calma en el refugio. Yo, Iris, me sentaba junto a mi madre, Clara, en la terraza de la cabaña, observando cómo los guerreros de Silvermane preparaban la comida y compartían historias. Mi vestido de seda azul marino aún llevaba el resplandor de la luna llena, y el anillo de piedra lunar en mi dedo brillaba con un luz tenue. Orion estaba a mi lado,