La finca "El Suspiro", donde Adrián se había refugiado con su padre tras la muerte de Elena, era un lugar de una belleza inquietante. Rodeada de altos cipreses y envuelta en una neblina perpetua, la propiedad parecía el escenario perfecto para un nuevo comienzo, o para un entierro definitivo. Sin embargo, la paz era una ilusión. El pequeño frasco de vidrio que Adrián había recibido —con la sugerencia de que el cáncer de Elena había sido provocado— pesaba más en su bolsillo que toda la fortuna d