El mensaje en la pantalla del teléfono de Adrián parecía parpadear con una malicia propia. "Revisa el testamento de tu madre una vez más. Hay un tercer hijo". El aire en la finca "El Suspiro" se volvió repentinamente irrespirable. Adrián miró hacia la oscuridad del jardín donde, minutos antes, se habían llevado a su padre hacia su prisión eterna. La victoria sobre Pablo se sentía ahora como una distracción, un movimiento de peón en un tablero donde él todavía no conocía a la reina.
—¿Un tercer