El ambiente en la mansión después de la sesión de fotos era de una calma aterradora. Adrián no gritó. No hubo escenas violentas frente al personal. Simplemente, después de que los periodistas se marcharon, le hizo una señal a sus hombres.
—Llévenla abajo —ordenó fríamente, refiriéndose a Elena—. Si tiene tantas ganas de jugar a la detective en mi archivo, que pase la noche allí para que pueda leerlo con calma.
—¡Adrián, no! ¡Mía me necesita! —gritó Elena mientras los guardias la sujetaban de lo