El patio de la mansión Vane se había convertido en un epicentro de poder puro. Elena no estaba simplemente pasando una prueba; estaba reescribiendo las leyes de la naturaleza. Los Siete Ancianos del Consejo observaban con horror cómo la chica que consideraban una "plaga humana" se elevaba sobre el suelo, envuelta en un aura de plata líquida. Las runas que cubrían su piel palpitaban con el latido de la tierra misma, y sus alas de luz se extendieron, barriendo la oscuridad de la noche.
—¡Basta! —