La mansión Vane tembló bajo una presión invisible. No eran los cimientos los que crujían, sino la misma realidad sobrenatural que rodeaba a Alistair y Elena. Tras el enfrentamiento con Kira, el ambiente se había vuelto eléctrico. Alistair no se apartaba de ella ni un segundo, pero ya no era solo por la necesidad física de mantenerla viva; era porque el olor de Elena estaba mutando. Ya no olía solo a vainilla y miedo; ahora emanaba un aroma a ozono y flores de medianoche, el olor de una sangre q