El frío de las montañas del norte era una cuchilla que cortaba incluso la gruesa piel de los lobos. Alistair avanzaba a pie, cargando a Elena envuelta en pieles de oso. El Jeep había quedado abandonado kilómetros atrás, destrozado por el terreno hostil. Alex y un pequeño grupo de guerreros leales seguían a su Alfa, pero el silencio entre ellos era tenso, cargado de una desconfianza que flotaba en el aire como el vaho de sus respiraciones.
Alistair sentía que se estaba volviendo loco. Desde que