El Hospital Central de Venturis olía a desinfectante y a promesas rotas. Elena permanecía de pie frente a Alek, sintiendo cómo el frío del mármol subía por sus pies. La propuesta estaba sobre la mesa: la vida de su madre a cambio de su propia libertad, y el poder necesario para enterrar a Dante bajo los escombros de su propia arrogancia.
Alek la observó durante un segundo que pareció una eternidad. Sus dedos acariciaron el borde de su reloj de platino.
—Dante Vargas no solo es un mentiroso, Ele