El descubrimiento de los documentos de Alaric me había dejado una amargura que ni el mejor de los tónicos de Silas podía calmar. No solo me había traicionado a mí; había vendido el alma de la manada. Mientras leía las rutas de caza entregadas a nuestros enemigos, sentí que la rabia se convertía en un motor.
—Kael —llamé al comandante, que seguía esperando junto a la puerta—. Si Jax está reuniendo parias en la frontera, es porque cree que no hay nadie al mando. Vamos a demostrarle que el trono n