El sonido de las campanas de alarma rasgó la noche, un tañido metálico que despertaba a la loba dentro de cada miembro de la manada. Desde mi balcón, vi las primeras lenguas de fuego en el horizonte: los renegados de Jax estaban quemando los graneros periféricos. No buscaban una conquista estratégica; buscaban el caos.
—Luna, han pasado el primer anillo de guardia —informó Kael, entrando en mis aposentos mientras terminaba de ajustarme el arnés de cuero que me mantenía erguida en el trono del g