Minerva insistió en llamar al escolta de Alexander y también cayó en el buzón. —¡No puede ser! Tan solo espero que no le haya pasado nada a Alexander, Dios mío— dijo la mujer, volviendo a tomar asiento.
—¡Llegó un auto! Seguramente son ellos— exclamó Luisa, colocándose de pie y corriendo a la puerta. Al abrirla, ve a los escoltas apuntando a una mujer.
—¿Son ellos?— preguntó Sofía, quien tuvo curiosidad y se acercó a la puerta. Ve a una mujer rodeada de los escoltas que la apuntan con sus ar