—No quiero que me lastimes, Alexander...
—No quiero hacerlo, pero... no soy la parte romántica de mi parte, porque soy todo lo contrario y lo sabes.
—De mí tampoco lo esperes... —le mira los labios— pero debemos ceder un poco, ¿no crees?
—Posiblemente... ¿Seguiremos hablando o matamos estas ganas que sentimos? —ella traga grueso con esa pregunta.
—¿Pero te gustan las mujeres empoderadas?
—Eres bien resentida, pero me gustan así como tú —la toma del rostro.
—¿Y cómo soy?
—Eres traviesa, peleona,