Mundo ficciónIniciar sesiónSofía Mangano se ve envuelta en una apretada situación. Descubre que tiene una deuda inmerecida por culpa de su padre, la traición del hombre que amaba ciegamente. Además, el trabajo que ha conseguido con urgencia como niñera resulta ser para ser la madre sustituta de los mellizos de un hombre lleno de misterio: Leonardo Di Napoli, catalogado como el más cotizado y poderoso de toda Italia. Una mirada, pocas palabras, aquella potente presencia que hace en la vida de Sofía torna el ambiente caluroso. Sin embargo, su ex no la quiere dejar ir porque ella es su única salvación. ¿Qué hará Sofía ante sus sentimientos? ¿Quién es ese hombre misterioso que la envuelve sin pedir permiso? Lo que Sofía Mangano no sabía era la rivalidad y el conflicto que hay entre su ex y Leonardo Di Napoli, donde ella estará de por medio. ¿Qué sucederá en esta historia de amor y de llamas ardientes? Acompáñame en esta nueva aventura literaria y recuerda agregarla a tu biblioteca para que no la pierdas de vista. Un fuerte abrazo.
Leer másLa cena familiarSofía, junto a Minerva, organizó una cena para reunir a todos. Tuvieron que ayudar a Leonardo a bajar en silla de ruedas, y a Alexander y Maggie los tuvieron que ir a buscar a su habitación, ya que no habían bajado en toda la tarde.—¿A qué se debe esta cena? —Alexander estaba algo enojado, no quería que lo interrumpieran justo cuando Maggie se estaba dejando llevar por completo.—Hijo, deja tu mal genio, toma asiento con tu mujer y pasemos un rato agradable en familia —lo reprendió Minerva, quien ya había bebido suficiente vino, al igual que Luisa, quien tuvo que ducharse para despabilarse un poco.—Pues me alegra que nos hayan llamado —susurró Maggie, y miró a Alexander, quien la observaba con el ceño fruncido por su comentario. Pero al verla sonreír, se calmó.—Vaya, ¿quién iba a pensar que estaríamos nuevamente todos en la mesa? Solo falta Cedric —dijo Leonardo.—Aquí estoy, señor, ¿qué ordena?—Toma asiento, tú eres parte de esta familia —su orden alegró el corazó
—No quiero que me lastimes, Alexander...—No quiero hacerlo, pero... no soy la parte romántica de mi parte, porque soy todo lo contrario y lo sabes.—De mí tampoco lo esperes... —le mira los labios— pero debemos ceder un poco, ¿no crees?—Posiblemente... ¿Seguiremos hablando o matamos estas ganas que sentimos? —ella traga grueso con esa pregunta.—¿Pero te gustan las mujeres empoderadas?—Eres bien resentida, pero me gustan así como tú —la toma del rostro.—¿Y cómo soy?—Eres traviesa, peleona, amargada, extrovertida, sexy, ¿quieres que continúe? —pasa la punta de su lengua por los labios de Maggie, dejándola con los labios entreabiertos.—No hables más y hazme tuya, niñito presumido insoportable —le lanza una sexy mirada que encendió el deseo más en él.Alexander no esperó más. Su boca se encontró con la de Maggie en un beso hambriento, lleno de la urgencia que ambos habían estado conteniendo. Ella se aferró a su cuello, sus dedos enredándose en su cabello mientras él profundizaba el
—¡No grites hija por favor!— exclama en voz baja Minerva, mirando a una Luisa llena de ira —¿¡Por qué no me lo dijiste mamá!? Pase la mayor vergüenza de toda mi vida— se le salen las lágrimas —¡Te dije muy claro que me encanta Lucifero! Preferiste callar en vez de ser honesta conmigo —perdón hija… no sabía cómo ibas a reaccionar, perdón —¡No! Es que… no logro entender como tú y él estar juntos —pero eso no volver a pasar, ya le dimos punto y final a lo que un día tuvimos —¿Te estás escuchando? ¡El podría ser tu hijo! —¡Y podría ser tu hermano! Por edad no me vas a juzgar. Mira Luisa, puedo comprender tu enojo porque sé que te gusta y no te culpo. Lucifero es el tipo de hombre que cualquier mujer desearía, pero no te permito que me alces la voz o me faltes al respeto, porque soy tu madre, sí, pero también soy mujer. Y lo mismo que le dije a Alexander, también te lo diré a ti, por años lleve una maldita vida de m****a que por fin se acabó con la muerte de tu padre al cual ojal
—¿¡Qué!?— lucifero no se esperaba esa confusión, eso sí que lo dejó estupefacto —yo… se que es algo loco, tenemos una diferencia de edad, pero tú me gustas desde que te Vi y desde entonces no sales de mi cabeza —escucha…— ella lo interrumpe—déjame hablar por favor. No hay nada de qué temer, si tenemos una relación, yo hablaré con mis hermanos, tú lo único que debes hacer es quererme y protegerme. Ahora que no estaré obligada a casarme con alguien a quien no quiero tengo la oportunidad por fin de elegir mi propio destino y ese eres tu— posa su mano derecha en la mejilla de Lucifero y lo acaricia, pero este con mucho respeto la toma de la mano y la aparta sin ser grosero —lo siento… pero no puedo corresponder a tu cariño, a eso que sientes por mi—¿Es por la edad? ¿¡Eso que importa!?— sonríe nerviosa —y mis hermanos, oye es lo de menos soy la hermana consentida y obvio que van a aceptar la relación —escucha— Lucifero se siente incómodo —eres realmente sexy y hermosa, pero no me at
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