—¡Ah, Dios mío!— Sofía empezó a llorar como si no tuviera fin. Toda esa historia le provocó un sentimiento de llanto—. Pobrecita, todo lo que le pasó— sollozó, y lágrimas tras lágrimas recorrieron sus mejillas—. Eres muy valiente, agente... Estoy muy sentimental.
—Amiga, tranquila— Maggie la abrazó.
—Ahora entiendo por qué estás aquí— Minerva se conmovió también, pero no se lo demostró.
—¿Ahora me crees, Alexander? Yo no vengo por ti ni por tu hermano. Fácilmente puedo culpar a Valentino d