A Leónardo le hierve la sangre y se marcha junto a Lucifero.
—Sabes que debes cuidarte, Leónardo, no quiero ir a la prisión.
—¡No quiero escucharte!
—¡Tienes que hacerlo! Solo piensas con la cabeza caliente y no estás solo en este mundo, tus hijos te necesitan, maldición. Solo no te dejes llevar por la ira.
—¡Al diablo toda esta mierda! Lleváme a revisar toda mi mercancía.
Sube a su auto y Lucifero hace lo mismo, pero para manejar.
—Eres mi jefe, te respeto y te admiro, pero también estoy aquí