El dolor la despertó.
Al principio pensó que era parte de un mal sueño. Un ardor punzante, como si algo le quemara la piel desde dentro. Pero cuando se sentó bruscamente en la cama y se bajó el cuello de la camiseta, supo que aquello no era producto de su imaginación.
—¿Qué demonios...? —murmuró, con la voz ronca por el sueño interrumpido.
Allí, justo en la clavícula izquierda, su piel se estaba tiñendo de un color ámbar oscuro, como si alguien le estuviera tatuando desde el interior. El diseño