El amanecer pintó el bosque con tonos dorados y violetas. Las hojas susurraban una canción tranquila entre las ramas mientras Lina, aún envuelta en una manta, observaba en silencio desde lo alto de una colina. Su cuerpo había vuelto a la forma humana hacía apenas unas horas, pero su mente aún danzaba con los instintos recién despertados. Sentía cada sonido, cada latido del bosque, como si fuera parte de ella. Porque ahora lo era.
—¿Sabes que tu madre también temblaba la primera vez que sintió e