La noche caía serena sobre la mansión, extendiendo sombras suaves por los pasillos. Afuera, el jardín permanecía bañado por la luz de la luna llena, que se alzaba majestuosa en el cielo, mientras el canto de los grillos y el susurro de los árboles componían la melodía tranquila de esa hora tardía. En el piso superior todo estaba en silencio. Los niños dormían en sus habitaciones, envueltos en sueños inocentes. Cada respiración pausada que Zoe escuchaba al besarlos antes de bajar era una confirm