El beso solo terminó cuando la respiración de ambos se volvió entrecortada. Zoe apoyó la frente en la de él, jadeante, y Arthur susurró con la voz ronca:
—Cuánto extrañaba esto…
Ella sonrió, aún emocionada.
—Yo también.
Él le robó otro beso rápido, aunque intenso, antes de hablar:
—¿La niñera está con los niños?
—Sí —respondió Zoe, mordiéndose el labio, adivinando el rumbo de la conversación.
Arthur entrecerró los ojos, con esa sonrisa provocadora que se formaba en una esquina de su boca.
—Ento