Arthur permaneció a su lado todo el tiempo, apoyándola con palabras suaves y sujetando con firmeza su mano.
—Estoy aquí, amor… lo haremos juntos.
—¿Juntos? ¡Nada de eso! —replicó ella, riendo entre una contracción y otra—. ¡El vientre lo tengo yo, y la que está pariendo soy yo!
Las horas parecían comprimirse. Entre los ánimos del equipo, las miradas emocionadas de María y las palabras dulces de Arthur, Zoe finalmente sintió que el momento había llegado.
—¡Zoe, ya veo la cabecita de Miguel! —avi