Esa noche, en la mansión de los Ferraz, el llanto de Clarisse resonaba por toda la habitación, agudo y angustiado, partiendo el corazón de quien lo escuchara. Arthur estaba en su silla de ruedas, con la bebé en brazos, meciéndola de un lado a otro. Ella tenía cólicos, se sentía incómoda y rechazaba cualquier intento de consuelo. No quería los brazos de la niñera, ni los de él. Solo quería a Zoe.
Él mantenía la voz baja, intentando transmitir calma, aunque la ansiedad le apretara el pecho.
—No l