Entonces, Álvaro se volvió hacia Arthur, tomando del respaldo de la silla una pequeña bolsa femenina.
—Esta es la bolsa de Sabrina —dijo, extendiéndola.
Arthur la tomó, observándola por unos segundos antes de alzar la vista hacia el abogado.
—Guárdala contigo, Álvaro… y entrégasela a sus padres cuando lleguen. ¿Pudiste hablar con ellos?
—Sí, ya me puse en contacto con sus padres, pero no podrán llegar a Brasil hasta mañana —respondió el abogado.
—Dios mío… deben estar desesperados —murmuró Eloí